Una gitana que desaparece
Post de audio (narrado por mí)
Cuando en una familia gitana desaparece una hija, no es solo una hija.
Es una parte del clan.
Del alma.
De algo sagrado: la sangre.
No puede haber calma. No puede haber espera.
La idea de: «vamos a ver qué dice la Policía», no es la primera.
No.
En el barrio de toda la vida se mueve todo el mundo. Hasta los que no son familia pero interpretan que los son por cercanía, por encontrarse a diario en la calle y la plaza de los burros.
Porque la idea de que ella se haya ido sin avisar no entra en la cabeza de nadie.
Algo tiene que haber pasado. Tiene que haber un culpable que pague porque Rocío Cortés no esté.
Hombres y mujeres salen a la calle con el rostro torcido de rabia y los ojos hinchados.
Nerviosos a más no poder.
Una de las hermanas grita con histeria mientras otra empieza a tocar a los portales cercanos para preguntar a cada vecino que abre si han visto a Rocío.
Tras el desconcierto, más gitanos se suman al jaleo, propagando la noticia.
Porque cuando una joven gitana desaparece, todo se rompe.
El barrio se descompone y la familia arde.
Una escena parecida marca el inicio de lo nuevo que estoy escribiendo y que iré compartiendo contigo tanto en estos posts y como en las Notes (los tweets de Substack).
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